AFUERA

Hubo una vez en que la masa recluida fue liberada dando por terminado con la cuarentena y la pandemia, seguro que los sucesivos decretos no tratados por el cónclave de desviados (antes honorable congreso, en minúscula dado que no vale nada) podían resolver todo el problema. Las clases no se reanudaron normalmente sino hasta septiembre del 2021, ya que la vuelta a las aulas en marzo del mismo año fue interrumpida por un brote (él mismo que no impidió el verano sin restricción alguna). Así y todo las máscaras llegaron para quedarse durante un bienio, teniendo que trabajar a lo largo del segundo año con la garganta gastada y las pelusas del tapabocas molestando constantemente mientras los del fondo pedían que subiera el tono de la voz. La escena parecía irreal sin que nos abandonaran las precauciones del caso como era volver a casa dejando nuestra ropa en una bolsa para después darnos la ducha que eliminaba rastros de mugre seguro, más no del virus. Sólo cuando prescindimos del barbijo vino la porquería en cuestión a invadirnos, dejándonos de cama por una semana y todas las gripes posteriores fueron iguales.